ATENCIÓN DE SALUD MENTAL PARA TODOS: ¡HAGÁMOSLA REALIDAD!

Hace años que la Organización Mundial de la Salud nos viene alertando de que la próxima pandemia —al menos en países occidentales— será por problemas de salud mental, y la situación generada por la COVID-19 no ha hecho más que reforzar esa hipótesis.

En España, no solo se han agravado los trastornos previamente diagnosticados sino que además se han disparado los casos de ansiedad y depresión, siendo uno de los países de la Unión Europea que más ansiolíticos, sedantes e hipnóticos consume y donde la rama sanitaria que puede resolver el problema ha permanecido siempre en segundo plano.

Hay un dato muy significativo al respecto: España apenas cuenta con una ratio de 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 por cada 100.000 que tiene como media la Unión Europea.

Otro dato: Más de dos millones de españoles toman a diario ansiolíticos, que son de fácil acceso en farmacias sin necesidad de que exista un diagnóstico específico. Las mujeres doblan a los hombres en el consumo de psicofármacos y son más proclives al diagnóstico de ansiedad, insomnio o depresión, trastornos que conllevan a una mayor prescripción de estas sustancias.

El suicidio es otra de las realidades calladas que se vinculan a la salud mental. Es, desde hace años, la primera causa de muerte no natural en España, y según los últimos datos sus víctimas casi doblan a las de los accidentes de tráfico. En España, una media de 10 personas se quitan la vida cada día y en el mundo, un millón de personas se suicidan al año.

Además, en España, una de cada diez personas mayores de 15 años ha sido diagnosticada con algún problema de salud mental, según datos del Ministerio de Sanidad. El 6,7% de la población del país está afectada por la ansiedad, exactamente la misma cifra de personas con depresión, y en ambas más del doble se da en mujeres (9,2 %) que en hombres (4 %).

Estos datos, de por sí malos, se ven agravados por la pandemia del coronavirus. Un 41,9% ha tenido problemas de sueño, mientras que más de la mitad de los ciudadanos —un 51,9%— confiesa sentirse “cansado o con pocas energías”, según una reciente encuesta publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Si consideramos exclusivamente la salud mental de la población trabajadora en España, pese a que no disponemos de datos oficiales, un estudio llevado a cabo por la Unión General de Trabajadores en 2013 indicaba que entre el 11 y el 27% de los trastornos mentales pueden ser atribuidos a las condiciones de trabajo y que el coste sanitario directo de los trastornos mentales y del comportamiento atribuibles al trabajo se estimó entre 150 y 372 millones de euros para el año 2010, lo que equivale entre el 0,24% al 0,58% del total de gasto sanitario para ese año. Probablemente y debido a la pandemia, a día de hoy, estas cifras se hayan multiplicado por dos.

Más allá de la eterna discusión “interesada” sobre el origen y las causas que explican la mala salud mental de la población trabajadora, lo que es una realidad insoslayable es que que los riesgos laborales de tipo psicosocial presentes en las empresas, pueden afectar negativamente a la salud de los trabajadores y trabajadoras. El estrés laboral, el miedo a perder el trabajo, la inseguridad laboral y una mala organización del trabajo afectan directamente a la salud mental de los trabajadores y generan costes elevados tanto para aquellos que ven perjudicada su salud, como para las empresas debido a las jornadas laborales no trabajadas y para la sanidad pública que debe asumir los costes del tratamiento y rehabilitación.

Por ello, para evitar estas consecuencias es necesario prevenir los riesgos psicosociales de origen laboral. Las empresas deben realizar evaluaciones de riesgos psicosociales y aplicar medidas preventivas para eliminar o reducir al máximo los riesgos existentes. Estas intervenciones psicosociales deben abordarse con un enfoque holístico que incluya no sólo la prevención y protección frente a los riesgos psicosociales sino también acciones que promuevan el bienestar en el trabajo.

En términos generales, la promoción de la salud mental en el lugar de trabajo debe ser sólo un elemento más de una estrategia general para mejorar el bienestar en el trabajo. Las medidas para promover un mejor bienestar mental y abordar los factores de riesgo para prevenir las enfermedades mentales y el estrés relacionado con el trabajo, deben integrarse plenamente en un marco general de promoción del bienestar y la salud en el lugar del trabajo. De manera que no basta con evaluar los riesgos psicosociales, sino que hace falta intervenir en otras áreas relacionadas con la salud física y retorno al trabajo tras una baja por enfermedad mental.

Garantizar un lugar de trabajo psicológicamente seguro y saludable no es solo una obligación moral y una buena inversión para las empresas. Es un imperativo legal establecido en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y en los acuerdos marco de los interlocutores sociales sobre el estrés relacionado con el trabajo (2004) y el acoso y la violencia en el trabajo (2007).

Artículo elaborado por la Secretaría de Salud Laboral de UGT Castilla y León con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora el 10 de octubre.

 



Asesoría de Salud Laboral
Programa de Campaña de Enfermedades Profesionales

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